Thursday, November 5th, 2009...5:17 pm

El Regalo Tico

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Sharon Ramírez

El Regalo Tico

     Julio de novecientos noventa y tres tuve la oportunidad de viajar a Costa Rica con la Universidad de Carolina del Norte. Después de seis semanas grandiosas, tuve que regresar a Estado Unidos. Pero el cuento no terminaba. En diciembre decidí a volver de nuevo a mi país adoptado. Una familia Tica pudo acomodarme en su casa por los próximas seis meses.
     La familia Barrantes consistía en mi madre Sabrina, mi hermano menor Diego, y mi abuela. Sabrina era una madre soltera que para ganar dinero se acomodaba estudiantes extranjeras en su casa. Diego, su hijo único, tenía siete años cuando llegue a vivir con ellos. Mi abuela que me cuidaba mucho tenía más que setenta años. Mi familia no hablaba ingles y yo no hablaba español sin embargo tratábamos de entendernos por medio del señales y de diccionario.
     Abuela me quería mucho y se preocupaba por mí. Ella no se dormía hasta que llegué a la casa. Siempre me despertaba con un desayuno rico de gallo pinto y jugo fresco. Nos sentábamos en la mesa mientras yo comía y ella hablaba como una lora. Nunca podía entenderla porque hablaba demasiado rápido pero no nos dabamos por vencidos tratando de comunicarnos.
     El sol brillaba y había poco viento cuando regresé de un viaje en las montañas. La calle frente la casa estaba llena de carros y había muchas personas en el garaje. La escena era sobria. Tan pronto como vi a Sabrina, sabía que abuela se había muerto. Abuela estaba acostada en su cama y estaba el sacerdote orando por ella. Pensé que abuela se murió más temprano pero me di cuenta de que se murió el día anterior y que su cuerpo iba a pasar otra noche con nosotros. Durante la noche podría escuchar voces y pasos y estaba asustada.
    Un mes después de la muerte de abuela decidí pasarme de casa. Tenía todo empacado menos unas cosas personales que estaba encima del mueble. Salí a decir adiós a mi familia. Cuando regresó a mi cuarto, el rosario que siempre colgaba en mi cama ahora estaba colocado encima del mueble con mis objetos. Llamé a Sabrina y Diego para preguntarlos si ellos habían puesto el rosario con mis cosas. Me dijeron que no. Sabrina agarró el rosario y me lo dio en la mano. Luego con su otra mano me bendijo con una cruz en mi frente como siempre lo hacía abuela. Lloramos un buen rato hasta que tuve que irme.
     Todavía tengo el rosario de mi abuela Tica. Nunca la olvidaré. Ella me enseño mucho con solo su presencia y su creencia en Díos. Aunque sufrió de cáncer por muchos años, nunca se quejo de su condición y siempre estaba dispuesto por servir a los demás. Que buen regalo.



3 Comments

  • Yo creo que tu cuenta es muy bien y no tiene errores obvios. Posiblemente puedes sangrado tus parafos y añade mas palabras del capítulo en el cuento .

  •   Kathryn Penry
    November 9th, 2009 at 10:57 pm

    el fin- que un buen regalo. Ese es el solomente error obvio a mi. muy bien!

  •   Elizabeth McDonough
    November 10th, 2009 at 2:56 pm

    Sharon- Yo pienso que tu composición es muy bien y no nececita correciones.

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